Una planta de verdad necesita fotosíntesis para sobrevivir, y eso no es opcional ni negociable. Si la luz que recibe está por debajo de un mínimo, la planta empieza a alargar sus tallos buscando claridad, pierde color y, antes o después, se rinde. Es lo que pasa en casi todos los pasillos interiores, escaleras sin tragaluz o salones orientados al norte: la planta no muere de la noche a la mañana, muere poco a poco mientras tú sigues regando con la esperanza de que se recupere.